Antes de elegir un taller o pensar en escenarios, conviene entender el recorrido: una primera charla para escuchar cómo usás la voz hoy, una evaluación breve de respiración y dicción, y recién después la propuesta de un plan de trabajo con objetivos claros y plazos realistas.
En Yell Your Face Off no arrancamos por el volumen ni por el texto difícil. Empezamos por lo que ya tenés: tu manera de respirar, de articular, de pararte frente a otros. Desde ahí se ordena el resto, sin forzar las cuerdas vocales y sin prometer resultados que dependan de un solo ejercicio.
Si estás leyendo esta página es porque querés entender el recorrido antes de anotarte. Tiene sentido: la voz no se improvisa y conviene saber con quién hablás. Escribinos cuando tengas dudas sobre el punto de partida, la carga horaria o si tu caso necesita un enfoque particular por antecedentes de disfonía, cirugías previas o uso profesional intensivo de la voz.
Correo
clases@yellyourfaceoff.comContanos en dos o tres líneas qué querés trabajar: teatro, podcast, radio o presentaciones. Si ya tuviste clases antes, mencioná qué ejercicios te resultaron incómodos.
Teléfono
+54 11 5584-2176Atendemos de lunes a viernes de 10 a 19. Si no llegamos a responder, dejá un mensaje con tu nombre y horario preferido para que te devolvamos la llamada.
Tiempos de respuesta
Antes de escribir, mirá las preguntas frecuentes en la página de contacto. Ahí están las dudas más repetidas sobre niveles, cupos y qué llevar a la primera clase.
Av. Corrientes 2148, Buenos Aires, CP C1045. Si preferís leer las condiciones antes de escribir, están publicadas en términos y en privacidad.
Antes de la primera clase necesitamos entender qué hacés con tu voz hoy: si hablás horas frente a un micrófono, si ensayás teatro tres veces por semana o si tenés que presentar en una sala con mala acústica. Ese punto de partida define el recorrido. Nada de rutinas genéricas ni de apurar resultados: el orden de los pasos está pensado para que la voz se adapte sin tensionarse.
Nos contás tu actividad, cuántas horas hablás por día y si arrastrás alguna molestia en la garganta. Con eso definimos si conviene empezar por respiración, dicción o proyección. Suele resolverse en una charla breve, sin formularios largos.
Una sesión de cuarenta minutos donde leemos en voz alta, sostenemos aire y probamos volumen a distintas distancias. Registramos cómo apoyás el diafragma y qué pasa con los hombros cuando subís el tono. De ahí sale un plan concreto, no una lista de ejercicios sueltos.
Si tu foco es podcast, priorizamos articulación y manejo del micrófono. Si es teatro, sumamos presencia escénica y proyección hacia la última fila. Los grupos son reducidos y los horarios se ajustan a ensayos o grabaciones, dentro de lo posible.
Cada encuentro empieza con calentamiento y termina con una devolución puntual. Entre clases te llevás una rutina corta para hacer en casa, de pie frente al espejo. Si aparece cansancio vocal, frenamos y revisamos la técnica antes de seguir exigiendo volumen.
Grabamos una escena, un fragmento de guion o una presentación completa y la escuchamos juntos. Ahí se ve si la voz llega, si la dicción se sostiene y si el aire alcanza. Es el momento donde los ejercicios dejan de ser teoría y se vuelven herramienta.
Cada seis u ocho semanas volvemos sobre el diagnóstico inicial. Si cambió tu rutina, tu obra o tu programa, el recorrido también cambia. La idea es que la voz aguante el uso real, no que rinda solo dentro del aula.
Si querés ver cómo se aplica esto en un caso concreto, podés leer la nota sobre respiración y apoyo diafragmático.
Escribinos y arrancamos por el paso 01